Si la Tierra pudiese hablar, sugiere Sadhguru, sus primeras palabras serían contundentes: «Cállense». Hemos ahogado el mundo en ruido —con motores, parloteos, el incesante zumbido de la vida moderna— y, al hacerlo, hemos perdido algo esencial. La verdadera riqueza, insiste, no se encuentra en lo que poseemos o logramos, sino en una cualidad de quietud interior que subsiste intacta, por más ruidoso que se vuelva el mundo.