Mucho antes de que nadie dividiera el tiempo en casillas ordenadas en una pared, los seres humanos alzaban la vista —y observaban con igual atención su interior y lo que les rodeaba— siguiendo el curso del Sol y la Luna, así como los sutiles cambios en la naturaleza y en sus propios cuerpos. Esa atención no era superstición. Era una ciencia precisa, desarrollada a lo largo de miles de años de observación. En este análisis, Sadhguru remonta los orígenes del calendario lunisolar hindú y sostiene que sus creadores comprendían el mundo natural y el sistema humano de formas que podrían mejorar enormemente nuestras vidas, quizás más que nunca.