No es que tengas mala suerte. Es que no eres consciente.
Para la mayoría de la gente, la vida parece algo que les sucede: reaccionan ante las circunstancias, culpan a los demás de sus problemas y se preguntan por qué la ansiedad parece no desaparecer nunca. Pero ¿y si la vida que estás viviendo ahora mismo no te estuviera sucediendo, sino que la hubieras creado tú mismo? Sadhguru tiene una explicación sencilla, aunque quizá inquietante: el karma.

Vivir de forma inconsciente
Sadhguru: «Karma» significa ‘acción’; ese es el significado literal de la palabra. Mientras estás aquí sentado, se producen continuamente acciones físicas —tanto voluntarias como involuntarias—, ya sea que estés despierto o dormido. Se está produciendo una acción mental, se está produciendo una acción emocional, se está produciendo una acción energética. En todo momento, el karma actúa en estos cuatro niveles.
Pero fíjate en cuánto de tu actividad, desde que te levantaste esta mañana —física, mental, emocional y en cuanto a energía— ha sido realmente consciente. Será solo un pequeño porcentaje. El resto ocurre de forma inconsciente. Imaginemos que vas conduciendo de vuelta a casa desde algún sitio. Durante la hora que se tarda en llegar, es posible que estés consciente durante unos segundos. El resto del tiempo, conduces de forma inconsciente.
La mayoría de las personas solo experimentan un involucramiento consciente cuando consideran que algo es muy importante en sus vidas. De lo contrario, se encuentran en un estado de «diarrea mental», con pensamientos inconscientes que fluyen sin cesar.
La vida accidental

Para la mayoría de los seres humanos, la vida, como proceso, transcurre de forma inconsciente. Cuando la vida transcurre de forma inconsciente, todo ocurre por accidente; y cuando las cosas ocurren por accidente, la ansiedad es una consecuencia natural. Si condujeras un vehículo que se dirige a un lugar distinto al que tú quieres, ¿no estarías ansioso?
Así es como la mayoría de las personas viven sus vidas en este momento. Su ansiedad no se debe a que haya algo que no vaya bien en sus vidas, sino simplemente a que la vida transcurre de forma accidental.
Solo cuando vives según tus intenciones puedes vivir sin sentir ansiedad. Nos referimos a los seres humanos como «seres» porque son capaces de ser, es decir, eres capaz de tener una existencia consciente. Eres capaz de utilizar todas tus facultades como tú quieras, no en reacción a lo que ocurre a tu alrededor, sino mediante una respuesta consciente.
Las consecuencias que no te esperabas
El karma es una consecuencia. Las acciones que realizaste ayer tienen un impacto directo en ti hoy. Incluso lo que comiste ayer influye en cómo te sientes hoy. Como tus acciones son inconscientes, las consecuencias que sufres te parecen como si te hubieran caído del cielo. Es como lanzar una piedra al aire: cuando te cae en la cabeza, piensas que alguien te ha dado un golpe. Eso es el karma.
El karma no es más que un software inconsciente que tú mismo estás creando. Tú eres quien lo ha programado, pero como lo escribiste inconscientemente, crees que es otra persona la que dicta tu vida, que es otra fuerza la que la controla.
Las consecuencias no provienen del exterior. Están siendo fabricadas dentro de ti constantemente.
El veneno que bebes
El miedo, la ira y el estrés son venenos que tú mismo generas en tu interior. Cuando generas lo desagradable en tu interior, no se trata solo de una experiencia psicológica: te estás envenenando químicamente. Existen pruebas científicas y médicas sólidas que demuestran que, si permaneces en un estado de ira intensa durante tan solo cinco minutos, la sangre se vuelve, literalmente, tóxica.
Tu ira, tu estrés, tu desdicha, tu resentimiento, tu odio, tus celos… Son venenos que te bebes, pero esperas que sea otra persona la que muera. La vida no funciona así. Es una vida justa. Si tú bebes veneno, tú mueres. Si te haces cargo, podrás crear una química de dicha y bienestar interior.
Tu vida la construyes tú

Todo este asunto de la recompensa y el castigo se ha arraigado profundamente en la mentalidad occidental. No hay nadie que te recompense ni que te castigue. Pero todo tiene sus consecuencias.
Tanto si te sientes alegre como si te sientes desdichado, es tu karma. No pretendo que suene cruel, pero, en realidad, tu vida es fruto de tus propias acciones. Porque la experiencia humana —el dolor y el placer, la alegría y la tristeza, la agonía y el éxtasis— todo proviene de tu interior.
Lo que surge de tu interior, ¿por qué no sale tal y como tú quieres? Lo que viene del mundo no es algo que puedas controlar. Solo puedes intentar manejarlo lo mejor que puedas, pero el mundo nunca sucede cien por ciento a tu manera. El mundo exterior siempre será así: un poco a mi manera, un poco a la tuya. Pero tú deberías ser como tú quieres ser.
Si consideras que tu situación actual es fruto de tu karma o de tus propias acciones —que tu vida es el resultado de tus acciones—, te asegurarás de que sea tal y como tú quieres. Tu vida es tu karma; eso significa que tu vida es obra tuya. Esta es la forma de vivir que más fuerza te da. Esto no es una forma fatalista de ver la vida. Es una forma de hacerte cargo de la experiencia misma de tu vida.


