Más allá del control del tiempo

Kala, la palabra sánscrita que abarca tanto el tiempo como el espacio, está fundamentalmente ligada a la dimensión física. Todo se mueve en ciclos, desde el nivel atómico hasta escalas galácticas, y dentro de nuestros propios cuerpos. Esta naturaleza cíclica es la esencia misma de la fisicalidad.

Pero aquí está la profunda verdad: aunque no podemos escapar a los ciclos del tiempo, podemos trascender su impacto.

«Cuando estás completamente en calma interior», enfatizó Sadhguru, «el tiempo deja de pasar factura, independientemente de cuántos años transcurran».

La trampa de la memoria

Sadhguru advirtió contra el peligro de quedar atrapados por los recuerdos, comparándolo con conducir marcha atrás: avanzar mientras nos fijamos en lo que hay detrás, limitando nuestra experiencia a los ecos del pasado.

A continuación, se refirió, de forma juguetona pero incisiva, a nuestra obsesión por fotografiar cada momento, incluso nuestro desayuno. Corremos el riesgo de convertirnos en un simple «montón de recuerdos», advirtió, desconectados de la vitalidad de la existencia misma.

¿La paradoja? La naturaleza ilimitada de nuestra ignorancia supera con creces nuestro conocimiento limitado. «Si tienes que identificarte con algo», sugirió Sadhguru, «identifícate con tu ignorancia, es mucho más amplia».

Sabiduría del Mahabharata

Sadhguru relató la historia del Mahabharata sobre Yudhishthira y el Yaksha para ilustrar que la sabiduría genuina no surge de la brillantez intelectual, sino de la compasión y la claridad interior.

Tras ser puesto a prueba con preguntas difíciles, Yudhishthira finalmente decidió revivir a su hermanastro Nakula, una decisión basada en la compasión más que en el beneficio personal. Esto, explicó Sadhguru, demostraba la liberación de las cargas de la memoria y un compromiso con la verdad interior.

La historia mostraba cómo cultivar la quietud interior nos permite actuar desde nuestra naturaleza más profunda, en lugar de dejarnos llevar por el condicionamiento de la mente.

La fuente interior

«Tanto la alegría como el sufrimiento tienen su origen en nuestro interior», recordó Sadhguru a los asistentes. Pasamos toda la vida buscando la plenitud en cosas externas que son fundamentalmente impermanentes, pero la fuente de nuestra experiencia siempre ha sido interna.

Contrastó el frenesí de buscar hitos externos —celebraciones de Año Nuevo y similares— con la posibilidad de encontrar alegría en cada momento. ¿Por qué no celebrar la vida con cada amanecer?

La clave, enfatizó, es cultivar la quietud interior no como un escape de la vida, sino como una base para permanecer involucrado sin verse afectado por sus fluctuaciones, para bailar con los ciclos del tiempo sin convertirse en esclavo de ellos.

Un comienzo consciente

Sadhguru invitó a los participantes a afrontar el nuevo año no con excesos e intoxicaciones, sino con la intención consciente de cultivar la quietud interior, para dejar de depender de los acontecimientos externos para ser felices y experimentar la libertad de simplemente ser.

La pregunta es: ¿Cabalgaremos conscientemente sobre los ciclos del tiempo, con la quietud interior como brújula, o nos aplastarán?

Esta invitación está presente en cada momento, no solo en Año Nuevo, sino en cada respiración, en cada latido del corazón, invitándonos a priorizar la transformación interior y a abrazar la abundancia inherente a la existencia.