Por qué la vida a veces se siente más difícil de lo que debería
Isaac Newton se dio cuenta que la manzana caía. Nadie se dio cuenta que el árbol crecía hacia arriba. Esa diferencia de atención, dice Sadhguru, es la razón por la que la mayoría de nosotros nos perdemos la gracia. Aquí explica qué es realmente la gracia y comparte una forma sorprendentemente simple de evitar que la vida se vuelva pesada.

Gracia: la fuerza invisible de la vida
Sadhguru: «Mahima» significa literalmente ‘gracia’. Pero ¿qué es la gracia? Es algo no cuantificable y no muy tangible. La gravedad es tangible: si saltas desde algún lugar, te caes. La gracia no es tan visible.
Isaac Newton no inventó la gravedad; simplemente notó algo. Cualquier niño del campo habría visto caer una manzana de un árbol, pero Newton lo expresó de una forma que resultó significativa para nuestra comprensión. Pero a menudo se nos pasa algo por alto en estas observaciones tan parciales del mundo. La manzana cayó —esto lo medimos y cuantificamos—, pero el árbol entero estaba creciendo hacia arriba. Nadie parece darse cuenta de eso.
Lo que crece despacio suele pasar desapercibido.
La gracia es así. Sucede lentamente Si haces rebotar una pelota arriba y abajo, todo el mundo lo nota. Pero, cuando algo se eleva o crece lentamente, nadie le presta atención.
La gracia es simplemente ese aspecto de la vida en el que los vientos están a tu favor. Si fueras un marinero navegando en un velero, que los vientos te fueran favorables lo significaría todo: era la diferencia entre la vida y la muerte. Incluso hoy en día, un avión necesita tener el viento a su favor para despegar, aunque de una forma distinta a la de un velero.

Las libélulas son un hermoso ejemplo de esto. Vuelan desde el sur de la India hasta la costa oriental de África, allí se reproducen, y regresan aprovechando los vientos del monzón, recorriendo más de 4800 kilómetros sobre el océano. Un viaje así no es posible únicamente con la fuerza de sus alas. Eso es lo que significa la gracia.
Cómo los seres humanos se vuelven receptivos a la gracia
Si quieres hacer algo que trascienda los límites de tu cuerpo y tu mente, invita a la gracia.
Puedes volverte receptivo a la gracia de muchas maneras: a través del amor absoluto, de la meditación, de la compasión, de la alegría, de la dicha. Pero sabes bien que no mantienes estos estados las 24 horas del día.
Es por esto que se han creado sistemas que ayudan a las personas a volverse receptivas a la gracia. El propósito y el poder de un sistema radica en que, sin importar cómo te sientas en un día determinado, aún puedes trabajar con él. Hemos desarrollado distintos sistemas (sociales, científicos, tecnológicos) porque sabemos que no estamos igual en cada momento. Incluso si no estamos completamente presentes o no es nuestro mejor momento, un sistema aún puede funcionar.
Por qué la vida empieza a sentirse pesada

La gracia es el aspecto que garantiza que la vida no se sienta como un trabajo duro. Cuando la vida se convierte en demasiado trabajo duro, empieza a parecer que no merece la pena. Si no puedes vivir con alegría y gracia, incluso las cosas más sencillas —como despertarte por la mañana— pueden sentirse difíciles. Salir de la cama puede convertirse en una tarea enorme.
Cuando estás en la gracia, la vida se siente joven. Conserva su frescura. Cada respiración se siente nueva.
En realidad, ni siquiera tienes el mismo cuerpo en cada momento. Tu estructura celular cambia rápidamente. Cada unos cuantos meses prácticamente estrenas un cuerpo nuevo. La sensación de «vejez» solo existe en la mente. Cuando vives a través de la la memoria en lugar de la atención, todo empieza a sentirse viejo.
Cuando algo se pudre, apesta. Cuando te sientes deprimido, percibes ese mal olor interior, y los demás también lo perciben.
La exuberancia natural de la vida
Un ser vivo debería emanar un buen aroma por el mero hecho de estar vivo. El aspecto más importante de la vida es sentir intensamente el hecho de estar vivo. La gracia favorece esto. ¿Qué hace que estemos estreñidos en la vida —no en el aparato digestivo— sino en la vida misma?
Cuando tenías cinco años, ¡qué vitalidad tenías! ¿Qué ha cambiado desde entonces? Tu vida de hoy es probablemente bastante mejor de lo que era. Por aquel entonces, alguien te decía: «Ve a la escuela, lee esto que ni si quiera te interesa, duérmete cuando quieres jugar, despiértate cuando quieres dormir». Era una vida de esclavo. Aun así, rebosabas vitalidad.
¿Por qué? Porque la exuberancia y la alegría son la naturaleza de la vida. No son actitudes que adoptamos. Son inherentes al hecho de estar vivo
Todo lo que está vivo desborda energía.
No dejes que la vida se pudra en tu interior.
Hay algo muy sencillo que puedes hacer. Al terminar el día, sean cuales sean los pequeños problemas que te hayan ocurrido —con tu jefe, tu compañero de trabajo, tu esposa, tu marido o tus hijos—, deséchalos mentalmente antes de irte a dormir.
Al lavarte los dientes por la noche, recuerda cualquier tontería que te haya pasado durante el día y escúpela mentalmente. Cuanta más actividad tengas en la vida, más fricción se producirá. Esto es natural. Pero no la dejes acumular dentro de ti. Cuando guardas cosas viejas durante demasiado tiempo, se pudren, incluso en una cámara frigorífica.

Si nada podrido permanece en tu interior, estarás bien sin importar las circunstancias. Pero si dejas que las cosas se pudran dentro de ti, te sentirás medio muerto aún estando vivo. Es natural pudrirse después de morir. Pero mientras estés vivo, debes irradiar vida.
La alegría y la tristeza son opciones que elegimos. La exhuberancia y la depresión son opciones que elegimos. Aun así, muchas personas defienden su derecho de estar deprimidas. No seas una de ellas. Debes estar alineado con el proceso de la vida; eso es lo más importante. ¿Estás en sintonía con la vida o vas a descompás? Eso es todo. Porque está alineado, incluso un avión de 400 toneladas puede volar.
No conviertas la vida en una transacción. La vida no consiste en dar y recibir. No hay nada que dar ni nada que recibir. Vinimos sin nada y nos iremos sin nada. Lo que hacemos en el medio es solo para mantener esta vida vibrante y maravillosa, no estreñida en nuestras mentes.
Cuando mueres, no te llevas nada contigo, ni siquiera tu collar favorito. Lo dejas todo atrás. La verdadera cuestión es si eres capaz de dar algo cuando estás vivo, porque eso realmente cuesta algo. Requiere que entregues una parte de ti.
Nutrir la vida y dejar un mundo mejor
El ser humano se forma en un noventa por ciento por el entorno en el que crece y solo en un diez por ciento por su genética. El lugar donde creces, quién te educa y lo que te rodea determinan, en gran medida, la persona en quién te conviertes. Pero el desarrollo no es solo cuestión de conocimiento, intelecto o cuerpo físico. Un ser humano es mucho más que eso. Esa dimensión más profunda de la vida también necesita ser cultivada.
La vida que eres debe desarrollarse hacia una posibilidad mayor. Esta fue la gran fortaleza de las civilizaciones orientales: se enfocaban totalmente en la vida que realmente eres, no en la persona que aparentas ser, ni en el color de tu piel, ni en sistemas de creencias o ideologías.

Esta civilización consistía esencialmente en una aplicación a gran escala de las ciencias del yoga. Al ser una aplicación a gran escala, se diluye ligeramente, pero en esencia consiste en comprender el funcionamiento del sistema humano y cultivarlo para que florezca su máximo potencial. Desde el momento de la concepción, pasando por cada aspecto de la vida, hasta la muerte y más allá, el ser humano necesita atención. La idea es ofrecer eso.
No se trata de difundir una cultura o civilización en particular. Si la vida misma es fantástica, todo lo demás se vuelve secundario. Qué vestimos, dónde vivimos, qué conducimos y a qué nos dedicamos es circunstancial. El proceso de la vida debe pasar a ser el centro de atención.
La responsabilidad que implica ser humano

El problema principal en este planeta es el ser humano. Si ni tú ni yo no estuviéramos aquí, el mundo prosperaría; todas las demás formas de vida prosperarían. Se supone que somos la especie más inteligente. Pero cometemos las mayores estupideces y crueldades contra nosotros mismos y contra quienes nos rodean.
Podemos cambiar esto si estamos dispuestos. Esta es la primera vez en la historia que tenemos los medios para hablar con la humanidad entera. Aprovechando esta oportunidad, podemos decir cosas que mejoren la vida de los demás. O podemos decirnos cosas horribles los unos a los otros. La elección es nuestra.
Para ejercer esa facultad de elegir, las personas necesitan algo por encima de cualquier otra cosa: buen juicio. Y algo fundamental que debemos comprender es esto: necesitamos vivir bien —en paz, con alegría, amor y plenitud— aquí y ahora, no en otro lugar.

Si construimos la infraestructura necesaria (social, humana, digital y física), no solo estaremos creando un mundo bueno para nosotros mismos, sino también para las futuras generaciones. Existe una gran necesidad de algo sensato que la gente pueda hacer suyo. Esa necesidad existe; simplemente no se ha atendido como es debido.
De lo que se trata es de hacer de la vida humana —y de toda forma de vida en el planeta— el objetivo principal. Este es mi deseo. Hagamos que suceda.


