La historia que te sigues contando a ti mismo
Existe una idea muy extendida de que la infancia es nuestra época más feliz y que crecer es, en gran medida, una historia sobre la pérdida de algo precioso. Sadhguru lo ve de otra manera.

P: Sadhguru, si éramos felices cuando éramos niños, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo a medida que crecemos?
Sadhguru: Todos lloramos al nacer: no éramos felices.
Hay muchas tonterías en la manera en que la gente glorifica la infancia. Cuando no tienes nada que mostrar en el presente, tiendes a glorificar el pasado. Pero mira hacia atrás a tu propia infancia con sinceridad. Sí, había cierta inocencia y una cierta capacidad para la alegría, pero eso no significa que no tuvieras problemas.
Los niños se enojan, se enojan muchísimo. En realidad, pueden llegar a ser bastante crueles. La única razón por la que todo parece estar bien es porque son pequeños, nuevos... y tuyos. Su tamaño juega a su favor. Si tú, como persona adulta, te comportaras de esa misma manera, nadie te aguantaría ni un solo momento. Así que no pierdas de vista la realidad.

La realidad es solo esta: el niño es nuevo, lindo y pequeño. Y te emociona porque tú produjiste a ese niño. Si esas cosas no estuvieran ahí, ¿tolerarías ese comportamiento de cualquier otra persona? Así que no te apresures a glorificar la infancia.
Hoy en día se ha puesto de moda que la gente diga: «Soy como un niño». Pero supongamos que te quedaras atascado a los seis años, ya sea en cuerpo o en mente, ¿sería ese un estado glorioso? No lo sería; sería una forma de detención del desarrollo. Ponerle nombres agradables a condiciones desafortunadas es algo muy equivocado. Puede ser políticamente correcto, pero no es honesto. Si algo no es bueno, es importante reconocerlo como tal.
Si un niño no crece hasta su máxima capacidad, incluso físicamente, ahora decimos que es «especial». La palabra suena atractiva, pero suavizar una realidad difícil no la cambia. También hay adultos completamente desarrollados que evolucionaron con normalidad, pero eligen actuar como si fueran «especiales» todos los días.
Así que, por favor, no exageres las cosas de esa manera. «De niño era feliz, era esto, era aquello», y luego sugieres que deberíamos tener el mismo intelecto que los niños. Afortunadamente, no es así. A medida que crecemos, desarrollamos un nivel de intelecto completamente diferente. Solo si has desarrollado un nivel de intelecto significativamente diferente se puede decir que realmente has crecido.
La desdicha llega a los niños más pronto hoy en día que antes. Las cosas que a ti no te preocupaban a los diez o doce años están preocupando a los niños de hoy. Se están pareciendo a ti más rápidamente que antes, debido a la exposición y a tu influencia.
Sobre todo, no te digas a ti mismo cosas que no son verdad. Puedes presentar la cara que quieras al mundo, esa es tu elección, pero al menos sé honesto contigo mismo. Si eres honesto con el mundo, te responderá de una manera maravillosa. Pero, al menos, no engañes a esta persona: a ti mismo. Mira las cosas exactamente como son cuando se trata de ti. .
Si creas a una persona más con ese tipo de honestidad, te encontrarás en una relación de verdadera calidad. Si creas a diez personas así, estarás en una muy buena situación. Si creas a un millón de personas así, la situación se volverá extraordinaria. Pero eso depende de ti. Por lo menos, deja de engañar a esta persona: a ti mismo.
Simplemente mira tu infancia con honestidad. ¿De cuántas cosas estabas descontento? Mira a tus propios hijos. Son capaces de tanta alegría y vitalidad, pero son igualmente capaces de miseria, mezquindad, ira y odio. La única diferencia es que su memoria es pobre y no perdura. Pueden estar terriblemente enojados contigo hoy, y diez minutos después ya se les olvidó: esa es la única diferencia.
Debes decidir: si buscas consuelo, viniste al lugar equivocado. Si buscas una solución, eso es posible. Pero las soluciones no llegan a través de falsedades cómodas. Las soluciones llegan solo a través de la verdad.


