Sin embargo, no tardó en desmantelar cualquier expectativa de comodidad.

«El regazo de un gurú es un regazo de fuego, no de comodidad. Si ardes voluntariamente, te conducirá a la transformación. Si ardes contra tu voluntad, te conducirá a una tortura».

El fuego, explicó, no es una metáfora, sino que es la base de nuestras vidas. El fuego digestivo sostiene al cuerpo. El fuego intelectual impulsa el descubrimiento. El fuego del deseo alimenta por igual a la economía, las relaciones y los conflictos.

La cuestión ante cada individuo y cada sociedad es simplemente esta: ¿cuánto ardemos, qué quemamos y para qué propósito?

El proceso espiritual no es para tener paz, comodidad, ni siquiera alegría. «El proceso espiritual es para encender fuegos que quemen todo lo que hemos creado», dijo, agregando que no se refería a cosas externas.

Incluso cuando las personas se reúnen, el proceso espiritual sigue siendo individual. «Puede que todos estén sentados juntos, pero no son un club espiritual. Esto es individual. La sadhana que haces es individual». El bienestar humano —estar en paz, ser alegre, amoroso o dichoso— es un proceso completamente interno.

Lo cual pone en evidencia el obstáculo: la naturaleza transaccional de la vida moderna. Sadhguru sugirió que la mayor parte de lo que llamamos «vivir» es un cálculo. Cada relación, cada acción está filtrada a través de una sola pregunta: «¿Qué voy a obtener de esto?».

Para ilustrar este punto, recordó una historia sobre Gurú Nanak. En una ocasión, un discípulo adinerado recibió una simple aguja de coser de manos de Gurú. «Conserva esto», le dijo Gurú Nanak. «Devuélvemela cuando la quiera».

Inquieta por la responsabilidad, la esposa del hombre le insistió que la devolviera. ¿Y si la perdía? Y si Gurú moría e iba al cielo, ¿cómo podría seguirlo hasta ahí para devolvérsela?

El hombre regresó ante Gurú Nanak y le devolvió la aguja. La respuesta de Gurú Nanak fue serena y demoledora: «Entiendes que ni siquiera puedes llevar esta sola aguja e ir al cielo detrás de mí. Entonces, ¿para qué diablos estás juntando todas estas cosas?».

La vida transaccional tiene su lugar, dijo Sadhguru. Pero cuando se convierte en una carrera sin fin, se pierde algo esencial.

La alternativa no es la renunciación, sino una orientación totalmente distinta.

«Aprende a entregarte por completo a algo», dijo. «La vida se vuelve hermosa».

Cerró la idea con una imagen que se repetiría a lo largo del día: la diferencia entre la pesadez y la ligereza.

Un rey, rodeado de cortesanos ansiosos por halagarlo, escuchaba cómo alababan su belleza, su valentía y su grandeza. Su ministro principal, aburrido de los elogios vacíos, permaneció en silencio hasta que el rey lo presionó para que hablara.

Finalmente, el ministro dijo: «Eres más pesado que Brahma, el Creador». El rey lo tomó como un cumplido, hasta que el ministro explicó: cuando ambos existían juntos, Brahma era ligero y subía, mientras que el rey, al ser más pesado, caía a la tierra. «Si eres pesado, no puedo llevarte. Si eres ligero, puedo llevarte», dijo simplemente Sadhguru.

La sesión de la tarde comenzó con un tono diferente. Sadhguru se dirigió a algo más tangible: el cuerpo, la respiración y lo que revelan sobre la naturaleza de la vida misma.

Comenzó señalando que, mientras la ciencia moderna describe la respiración simplemente como el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono, las ciencias yóguicas la ven como algo que es mucho más que eso. En esta tradición, la respiración se entiende como la representación más accesible del prana: la energía vital fundamental que anima a todos los seres vivos.

«A toda la vida se le llama "prani". Eso significa que está hecha de prana», explicó. «Ninguna vida es independiente de la otra. Todo está profundamente entrelazado».

Dijo que trabajar con la respiración de manera consciente es comenzar a comprender el funcionamiento de la vida misma. «Incluso si no sabes cómo manejar tu pensamiento, emoción, cuerpo —nada—, si tan solo manejas tu respiración de forma adecuada, vives una vida maravillosa».

Este énfasis en la vida tal como está sucediendo ahora lo llevó a una observación puntual. Sugirió que gran parte del sufrimiento humano proviene de apegarse a lo que ya terminó. «El ayer es una cosa muerta», dijo. «Si no le dejas los muertos a los muertos, no tienes una vida».

La alternativa es reconocer el extraordinario privilegio de simplemente estar vivo. El corazón late, la respiración fluye, los órganos funcionan sin descanso, sin ningún esfuerzo consciente. «Es un gran privilegio que estemos vivos», dijo. «Simplemente sentarse aquí y disfrutar de la generosidad de la vida».

La sesión pasó luego de los mecanismos internos de la vida a una visión más amplia para el futuro del trabajo espiritual en el mundo.

Sadhguru habló sobre la necesidad de una infraestructura espiritual: espacios y sistemas que hagan que los procesos más profundos estén al alcance de un gran número de personas. «Lo más importante en este momento, lo que veo que falta, es que no hay una infraestructura espiritual», dijo.

Lo que siguió fue un vistazo concreto al futuro: planes para expandir la presencia física de tales espacios en varias regiones.

«En la India, estamos considerando al menos seis centros», dijo. «En Europa, estamos pensando en uno. Es muy probable que lo de Canadá suceda si se resuelve lo del terreno. En los Estados Unidos, estamos buscando un lugar a las afueras de la ciudad de Nueva York».

Señaló que, idealmente, cualquier centro nuevo debería estar cerca de una gran ciudad y construirse en un terreno de extensión considerable —un mínimo de 100 hectáreas— para que pueda funcionar como un centro integral. Añadió que los meditadores chinos están recaudando fondos para construir un centro en Nepal.

Esta expansión refleja tanto la magnitud de la necesidad como el alcance que el proceso espiritual tiene ahora con la ayuda de la tecnología. Tan solo en 2025, el contenido de Sadhguru e Isha llegó a miles de millones de personas en internet.

«El año pasado hubo unas 6200 millones de reproducciones», dijo. «Más de dos mil millones de vistas únicas». A pesar de este alcance global, enfatizó que los espacios físicos y las personas comprometidas siguen siendo esenciales.

Sadhguru compartió que, al acercarse a los setenta años, alguna vez imaginó retirarse del trabajo activo para escribir varios libros que tenía planeados desde hacía tiempo. En cambio, ahora ve su papel de manera distinta. «Hasta el último día de mi vida, trabajaré en los sitios de construcción y moriré», dijo. «No me estoy quejando. Es una elección».

La razón, explicó, es simple: la humanidad de hoy posee un poder sin precedentes sobre el planeta y su futuro. Sin un sentido más profundo de inclusión y consciencia, ese poder fácilmente podría volverse destructivo.

«Elevar la consciencia humana es el hecho más importante que debe suceder en esta generación», dijo. «Si no hacemos esto, nos arrepentiremos, en serio».