Sadhguru: Para tener éxito en lo que uno emprenda, sea lo que sea, hay tres aspectos: la inteligencia y habilidad, la gracia, y la correcta alineación de las situaciones, a la que solemos llamar suerte.

Cuando los Pándavas se dispusieron a lanzar los dados, definitivamente no tenían la habilidad necesaria. No llevaron con ellos la gracia —que era Krishna—, ni siquiera le informaron. Su suerte era Dráupadi, y ella no estaba allí. Cuando una persona entra en acción sin estas tres cosas, está invitando al desastre.

No te preocupes por si tienes o no la habilidad y la inteligencia: lo principal es llevar la gracia contigo y aprender a percibir lo que sucede a tu alrededor. La existencia entera está hablando en cada momento. Todo está hablando, pero las personas no escuchan. Están pasando demasiadas cosas en sus mentes; sus propios pensamientos no paran ni un momento. Por esta razón, no pueden escuchar a la gracia ni percibir la alineación de la existencia.

Escuchar no significa imaginarse cosas. Uno solo puede escuchar cuando no está hablando. Oír no es lo mismo que escuchar; desafortunadamente, oír es algo que sucede lo quieras o no. Oír causa malestar a la mente; escuchar trae la quietud a la mente. Si escuchas con atención, incluso lo que se considera ruido puede llevar tu mente a la quietud. La música es simplemente sonido organizado adecuadamente. Su calidad no reside solo en el músico, sino también en quien escucha y en qué tan profundamente lo hace.

Durante la guerra, hubo momentos en que los Pándavas escuchaban y momentos en que no lo hacían. En los momentos en que escuchaban, sus vidas florecían. En otros momentos, escuchaban de manera selectiva: «Solo escucharé lo que me convenga; lo demás, lo haré a mi manera». Cada vez que hacían esto, su fortuna declinaba. Para escuchar, se necesita fe.

Donde no existe la fe, hay ansiedad y miedo. Donde hay miedo, surgirá la ira. Cuando surge la ira, le sigue el conflicto. Esa es la esencia de la historia. Cada vez que los Pándavas tenían fe, no sentían temor. Cuando no tenían temor, no había lugar para la ira. Cuando no había ira, actuaban con propósito y claridad.

Cuando no hay ira en el corazón, se cumple el dharma natural sin que se sea consciente de ello. Esa es una manera de actuar. Pero en el momento en que entras en debates internos sobre cómo deberías actuar, el dilema se puede prolongar sin fin.

La gente piensa que puede debatir hasta alcanzar una conclusión. Solo se puede llegar a una conclusión si al menos uno de los dos es un idiota. Dos personas muy inteligentes pueden debatir sin fin sobre el aspecto más insignificante de la vida, incluso sobre cómo hacer una dosa. Si observas de cerca cualquier acción, su complejidad crece de manera ilimitada. Desafortunadamente, el intelecto moderno está programado para el debate. La gente cree que cuestionar o discutir cada cosa demuestra inteligencia. No lo es; es simplemente entretenimiento.

Oír causa malestar a la mente; escuchar trae la quietud a la mente.

La razón por la que se te dio un intelecto es que funciona como un cuchillo. Si no permites que pierda su filo al identificarte con alguna entidad—ni como hombre ni mujer, ni hindú ni musulmán, ni esto ni aquello, ni siquiera como indio—, tu intelecto tiene el poder de atravesar la creación.

Si debates, solo puedes hacerlo con la información que tienes a tu alcance. Tu información sobre este cosmos es muy limitada. Ni siquiera comprendes lo que es un átomo en realidad. Ni siquiera entiendes una sola célula de tu cuerpo. Con información tan limitada, el debate no es más que simple entretenimiento. De esta manera, haces mal uso de tu intelecto o lo desperdicias.

Si mantienes tu intelecto despejado, no identificado con el cuerpo, ni la mente ni ninguna otra entidad, y simplemente observas todo desapasionadamente, este será como un cuchillo caliente que atraviesa todo y verás la realidad tal y como es. El intelecto está diseñado para ayudar a tus cinco sentidos, cada uno de los cuales es un milagro en sí mismo. Dritarastra solo tenía cuatro sentidos, por lo que se le puede perdonar. Sin embargo, tú no tienes esa excusa. Viniste al mundo con cinco y, aun así, sigues estando igual de ciego.