Pregunta: Sadhguru, muchos de nosotros acabamos de participar en el programa Samyama. Fue increíble, pero diferente esta vez. ¿Podrías compartir tu propia experiencia y explicar cómo Samyama ha ido cambiando a lo largo de los años?

Sadhguru: Esta es una pregunta muy americana. Antes de empezar con Samyama, déjame contarte una pequeña historia real.

Una experiencia «de oro»

Un artista italiano creó un inodoro de oro de 18 quilates al que llamó América. La pieza estuvo expuesta en el museo Guggenheim de Nueva York durante un tiempo, totalmente operativa, con tuberías y sistema de descarga. Incluso se permitía a los visitantes usarla. La gente decía que era una experiencia increíble. Te sientes donde te sientes, es la misma función básica. No sé por qué alguien querría aguantarse las ganas e ir a un museo a hacer sus necesidades.

Después, trasladaron el inodoro a Inglaterra para su exposición, donde al poco tiempo fue robado; es la tradición, ya sabes.

Así que ¿cómo era mi experiencia de Samyama?

Krishna deja una pista crucial

Cuando recién empezamos a ofrecer Samyama, planeamos el primer programa en una pequeña granja que tenía una sala y estaba cerca de Pollachi, en un pueblo llamado Valanthayamaram. Se acercaba la consagración de Dhyanalinga y queríamos preparar a la gente para que pudiera sentarse en quietud durante largos períodos de tiempo. Yo tenía en mente un horario cruel: 16 horas diarias de meditación.

Antes del programa, yo estaba viajando. Llegué a Tiruppur y, desde allí, se suponía que debía ir a esa granja cercana a Pollachi. Generalmente, no soy así por naturaleza, pero ese día sentía que algo no estaba bien.

Estaba en la casa de alguien para almorzar. En su casa, me encontré con un libro pequeño titulado «Así habló Krishna». Por lo general, soy alérgico a los libros espirituales. Leo ficción; leo noticias, pero no leo libros espirituales. Pero este librito estaba allí, sobre la mesa, así que simplemente lo abrí al azar.

Allí, Krishna decía: «Si ofreces grandes posibilidades a personas que no están preparadas, estás cometiendo un crimen contra mí».

«¡Oh! ¿Cómo es que este tipo me viene ahora con esto?».

Me senté, cerré los ojos y lo digerí.

Se suponía que Samyama debía comenzar en dos días. Todos estaban preparados. Es decir, quizá ya habían hecho sus maletas. Pero dije: «Cancelaremos Samyama. En su lugar, haremos un programa de Hatha Yoga de tres días en Tiruppur. Que practiquen Hatha Yoga durante 60 días antes de Samyama».

Si hubiéramos empezado Samyama sin el entrenamiento de Hatha Yoga, simplemente se habrían ahogado en kanji.

¿Empapados? Samyama debe continuar

En esos días, yo participaba activamente en Samyama y lo encendía. Eso significa que, literalmente, el 80 u 85 por ciento de la gente reptaba, rodaba por el suelo, gritaba, toda clase de criaturas... no puedes ni imaginártelo.

Todo estaba empapado: sus colchones, su ropa de cama. Pero esa gente maravillosa no se rindió. Todos se sentaban allí, bajo el aguacero, meditando sin descanso.

Luego, año tras año, fuimos haciendo programas de Samyama en diferentes lugares antes de llegar, en el 94, al Centro de Yoga Isha. Empezamos Samyama aquí, en una sala con techo de paja y 1200 personas. Fuera cual fuera la estación, cada vez que hacíamos Samyama, al tercer día después de la iniciación llovía intensamente.

Los colchones, las sábanas, todo quedaba empapado. Pero esa increíble gente no se rindió. Todos se sentaban allí, bajo el aguacero, meditando sin descanso.

Ya sabes: por debajo de los 25 grados Celsius, la gente de Tamil tirita. Necesitan llevar bufandas, suéteres, orejeras, de todo. Así que los participantes tiritaban porque su ropa y su ropa de cama estaba mojada. Pero no se quejaron. Solo les dábamos kanji caliente. Y la cosa siguió así, con unas energías increíbles.

Lo que hacíamos como Karma Samyama lo expresaban muy vívidamente: gente diciendo todo tipo de cosas y manifestándolas en el cuerpo... toda clase de material kármico.

Después del segundo Samyama pasado por agua decidí que debíamos construir una sala. Construimos el Spanda Hall en poco más de 100 días, dejándolo listo para Samyama. A partir de entonces, el Spanda Hall fue el lugar donde hacíamos Samyama.

De funcionar con la energía de Sadhguru a crear un sistema

Una vez que hubo terminado la consagración del Dhyanalinga, empezamos a suavizar el Samyama, haciéndolo más civilizado y soportable para todos. Hasta entonces, los niveles de energía eran demenciales y era complicado para la mayoría de la gente regresar a sus casas en aquel estado. Ahora, Samyama está diseñado de tal manera que puedes disfrutarlo e irte a casa. Ya somos demasiados aquí.

Así que hemos suavizado el programa Samyama. Pero el sistema o el proceso vivo que te llevas contigo a casa no ha cambiado en nada. Sigue siendo el mismo. En aquel tiempo se basaba por completo en mí. Ahora, hemos creado un sistema adecuado. En este momento, solo aparezco para las dos iniciaciones principales. Y contemplo la posibilidad de crear un equipo que me exima del programa Samyama.

La gente me dice: «Sadhguru, tus profesores son mejores que tú». ¡Perfecto! Yo los entrené. Entonces han de ser mejores; si no, ¿qué sentido tendría?

Hubo un tiempo en que dije: «Es hora de que formemos profesores para los programas de Ingeniería Interior». Todo el mundo se opuso.

Dijeron: «¡De ninguna manera! Nadie más que tú puede impartir este programa».

Hoy, la gente me dice: «Sadhguru, tus profesores son mejores que tú». ¡Perfecto! Yo los entrené. Entonces han de ser mejores; si no, ¿qué sentido tendría?

Lo mismo con Bhava Spandana. La gente pensaba que no se podría hacer sin que yo estuviera presente, pero está funcionando maravillosamente bien. Samyama también funcionará muy bien. Hay algunos aspectos delicados, pero nuestros brahmacharis lo están haciendo fantásticamente. Con un poco más de exposición, lo harán. Quizá yo solo venga como entretenimiento, para verte.

Todo lo demás está, simplemente, sucediendo. Y puede suceder en muchos lugares del mundo, aunque es más fácil en el Centro de Yoga. De todos modos, también lo estamos haciendo en Estados Unidos, en el el Instituto Isha de Ciencias Internas.

Poesía que fluye libremente

Entonces, ¿cómo es mi experiencia? Muy buena... porque no estoy haciendo mucho. En los últimos tres Samyamas, cada vez que iba y me sentaba en la sala, en los primeros tres minutos escribía un poema.

Eso es Samyama para mí. Antes, en los Samyamas, no hablaba con nadie. No programaba ningún otra tarea más que Samyama porque funcionaba completamente con mi energía.

Ahora, el sistema es tan robusto y está tan bien asentado que funciona por sí mismo. Solo queda lo de las iniciaciones. Ya veremos cómo lo resolvemos.

Una bebida del sur de la India, parecida a una papilla, hecha de arroz o mijo y servida caliente. Un alimento básico habitual durante los programas de Samyama.