Jesucristo Superestrella

Cristo y el cristianismo son casi sinónimos. Pero, en nombre del «Hijo de Dios», ¿será que hemos perdido la esencia de la increíble humanidad que encarnó Jesús? Tal vez es hora de que traigamos el espíritu de Jesús de vuelta a nuestros corazones.
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Cristo y el cristianismo son casi sinónimos. Pero en el nombre del «Hijo de Dios», ¿hemos perdido la esencia de la increíble humanidad que Jesús encarnó? Con motivo de la Navidad, Sadhguru nos recuerda lo que significa traer el espíritu de Jesús a nuestros corazones.

Sadhguru: Cuando decimos «Jesús», no nos estamos refiriendo a un hombre que vivió hace 2 000 años, sino a una cierta posibilidad dentro de cada ser humano. Es esencial que cada individuo permita que esta cualidad florezca dentro de él porque, hoy, en nombre de la religión, las personas están dispuestas a quitarse la vida entre sí. En nuestras aspiraciones por lo divino, estamos perdiendo nuestra humanidad.

El aspecto más significativo de la enseñanza de Jesús fue el vivir sin prejuicios, sin ver quién es tuyo y quién no es tuyo. Solo entonces uno conocerá el Reino de Dios. Él dijo claramente: «El Reino de Dios no está en algún lugar allá arriba, está dentro de ti». Solo en la «fase de mercadeo» inicial, Jesús habló acerca de llevarte al Reino de Dios. Una vez que se reunieron suficientes personas a su alrededor, cambió y dijo: «El Reino de Dios está dentro de ti». Ese es el quid de su enseñanza.

Desafortunadamente, al 99% de la población le falta eso tan fantástico dentro de sí mismos. Si estuviera en algún lugar lejos, es posible que no desees hacer el viaje. Pero, cuando está aquí y te lo pierdes, ¿no es una tragedia? Si el Reino de Dios está dentro de ti, debes explorarlo adentro; es tan simple como eso.

¿Qué hay de la fe?

Hay métodos científicos que dan acceso a esa dimensión dentro de ti que es la fuente misma de la creación; el cuerpo mismo que llevas se crea desde adentro. Jesús no tuvo suficiente tiempo en su vida para proponer la ciencia, por lo que habló de la fe porque es un camino rápido. Cuando dijo: «Solo los niños entrarán en el reino de Dios», no estaba hablando de los niños pequeños; estaba hablando de alguien que es como un niño, alguien que no adelanta conclusiones sobre todo; alguien sin prejuicios.

Cualquiera que sea la conclusión que saques, estás obligado a estar equivocado, porque la vida no encaja en ninguna de tus conclusiones. Ni la vida ni la fuente de la vida se rendirán ante alguien que tiene demasiadas conclusiones. Si mantienes ese equipaje al margen, es muy simple.

Hacia el final de su vida, cuando era bastante seguro de que Jesús iba a morir, la única pregunta que sus discípulos podían pensar era: «Cuando dejes tu cuerpo y vayas al reino de tu Padre, te sentarás a su derecha. ¿Dónde estaremos nosotros? ¿Quién de nosotros estará a tu derecha?». Su maestro —lo ven como el Hijo de Dios— va a pasar por una muerte horrible, ¡y esa es su pregunta! Pero tan solo mira la cualidad del hombre —él mostró esta cualidad toda su vida—: no importa de qué manera lo presione todo el mundo, continúa su misión de establecer lo que quiere. Así que les dice: «Quienes están de primero aquí estarán de último allá. Los últimos aquí serán los primeros allá». Destruyó la jerarquía; que no se trata de abrirse paso a codazos hacia el cielo. En el reino interior solo funciona la pureza.

¡Deja que viva el espíritu de Jesús!

Es hora de mirar más allá de los sistemas de creencias y mirar la vida como es. Después de todo, la fuente de la creación está dentro de ti. Si permites que funcione, todo estará en armonía; y esa es la base misma de sus enseñanzas. Las palabras de Jesús han traído mucho sacrificio, piedad y amor al mundo, pero el aspecto más importante de su vida, el quid y la base de su enseñanza es: «El Reino de Dios está dentro de ti».

Si está en el interior, es un proceso espiritual. Un proceso espiritual no significa un grupo, un culto o un club de fans. Es una búsqueda individual, que es la esencia del yoga y del proceso espiritual en Oriente. Desafortunadamente, se han olvidado los elementos más cruciales de los que habló Jesús. Es hora de recuperar la esencia de sus palabras, no solo para un grupo en particular, sino para todos. Deja que viva el espíritu de Jesús.