Si observas lo que ocurre en el mundo, la gente confunde simples trucos con espiritualidad. Curaciones milagrosas, materialización de cosas... con esos trucos, puedes volverte inmensamente popular. La gente busca la salida fácil, pero la vida no funciona así. Hay quienes en serio esperan que les consiga algo así como un árbol de los deseos. Supongamos que tuvieras un árbol de los deseos, día a día, seguirías pidiendo más. Terminarías viviendo en un almacén. Ya hay muchas casas que parecen almacenes, con todo tipo de cosas apiladas desde el suelo hasta el techo. Tanto si obtienes las cosas en un centro comercial o de un árbol, es la misma adquisición compulsiva sin fin.

La gente busca la salida fácil, pero la vida no funciona así.

Hace décadas, antes de crear la Fundación Isha, dirigí un programa sobre cómo usar la mente para conseguir lo que quieres. En este programa, hice que el ochenta por ciento de los participantes movieran un papel doblado de un extremo a otro de la mesa, solo con el poder de sus mentes. Entonces vi que empezaban a utilizar esta capacidad para hacer cosas estúpidas. Sabiendo que no se trata de eso, decidí disolver el programa. Había visto esas cosas antes. Cuando era un niño, me intrigaba lo que hay más allá de la vida y lo que la gente decía sobre fantasmas, espíritus y cosas así. Cuando alguien decía que cierta casa estaba embrujada, iba y dormía allí noche tras noche. El maldito fantasma nunca vino.

Fui y me senté en los campos de cremación durante meses. No vino ningún fantasma ni espíritu. La gente decía: «Si clavas un clavo grande en este árbol de tamarindo y atas tu dedo anular a él con un hilo mojado, el fantasma vendrá». Esperé allí, pero la maldita cosa no vino. También dijeron: «Debes hacer un corte en tu dedo anular y ponerle un limón». Corté mi dedo anular, me puse un limón y esperé. Ningún fantasma se interesó en el jugo de limón. Luego, había un tipo que se suponía que atrapaba espíritus y los ponía en botellas. Si la gente pensaba que alguien estaba poseído o que un lugar estaba embrujado, lo llamaban. Él venía, metía el fantasma en una botella y se lo llevaba. Fui a su casa para ver qué había. Tenía un lugar parecido a un santuario con todo tipo de botellas. Parecían vacías, pero estaban tapadas con corcho.

Eres responsable por todo en tu vida.

Pensé que debía haber algo, así que quise robar una botella, pero no me dejó. Lo que hizo fue dibujar un «rangoli», un patrón geométrico hecho con harina de arroz, y puso cinco huevos en cinco esquinas del patrón. Con una palmada, los cinco huevos estallaron. Después de ver esto, volví a casa y quise estallar algo. Había un árbol de guayaba en nuestro patio trasero. Miré una de las guayabas, aplaudí y se cayó. Luego hice lo mismo con algunas más. Cada vez que aplaudía, la fruta que miraba se caía. Traje a un par de mis amigos para ver esto. Les pregunté: «¿Cuál quieren?». Eligieron una fruta, la miré, aplaudí y se cayó. De repente, una profunda repulsión recorrió cada célula de mi cuerpo. Supe que estaba haciendo algo totalmente equivocado y abandoné todo esto. Usar tus energías para hacer cosas materiales crea un proceso completamente negativo para la vida. El mundo físico debe manejarse con las dimensiones físicas del cuerpo y la mente.

Si esperas que las cosas se materialicen de la nada, significa que no quieres trabajar para ello. Eso es justo lo contrario de lo que intento inculcarte desde el primer día. Eres responsable por todo en tu vida. Ahora mismo, quieres tener lo que otro tiene. Eso es un problema grave. Supongamos que fueras la única persona del planeta, ¿seguirías pensando que necesitas todas estas cosas? Lo único que querrías sería mejorarte a ti mismo de gran manera.

Si tu cuerpo y tu mente hacen solo lo que tú quieres que hagan, vivirás una vida maravillosa.

Eso es todo lo que deberías hacer. Solo haz lo necesario. Nada más y nada menos. Si tienes ojos para ver, hay un millón de cosas que se necesitan en el mundo. La actividad física consiste en hacer lo necesario. Si tuvieras un árbol de los deseos y no dejara de caer material de él, ¿qué harías con todo eso? Ahora mismo, para todo lo que creas, tienes que hacer un esfuerzo. Digamos que quieres crear un edificio: tienes que excavar la tierra, traer acero, ladrillos, cemento, etcétera. Todo el material proviene del planeta. ¡Cuánto trabajo cuesta producir el material y reunirlo para levantar el edificio!

A pesar de la enorme cantidad de actividad que requiere, estamos construyendo hasta el punto de destruir el planeta. Supongamos que tuvieras un árbol de los deseos, pedirías aún más. En este momento, como tienes que construirla, puede que estés pensando en una casa de tres dormitorios. Si cayera de un árbol, pedirías cien habitaciones, sin llegar jamás a ocuparlas todas. Si tienes cien habitaciones, lo llamaría hotel, no casa. Pero la gente ha construido casas así, a pesar de lo mucho que cuesta. Si las cosas cayeran de los árboles, ¿te imaginas hasta qué extremos horribles llegarías? En realidad, no mejoraría tu vida de manera fundamental. Si todas las cosas que quieres aparecieran en tu casa mañana por la mañana, ¿crees que te sentirías fantástico por el resto de tu vida? En comparación con lo que la gente tenía hace apenas cincuenta años, ya tienes demasiadas cosas. Pero aun así, estás desesperado por conseguir más.

Si tuvieras mil veces más de lo que tienes ahora, ¿crees que la desesperación desaparecería? No lo haría. Definitivamente queremos más árboles, pero no árboles de los deseos. La cosa es que tu cuerpo y tu mente deben hacer solo lo que tú quieres. Si tu cuerpo y tu mente hacen solo lo que tú quieres que hagan, vivirás una vida maravillosa. Lo que necesitas ocurrirá sin esfuerzo. Ni siquiera deberías elegir lo que quieres o no. Solo elige vivir maravillosamente. Si vives maravillosamente en una cueva, una choza o un palacio, ¿qué importa? Vives maravillosamente, eso es lo único que importa.

Amor y gracia,

Nota de editor

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